04/06/26

Las empresas Saesa y Spark presentaron una iniciativa privada por US$120 millones para reactivar la Planta de Agua Pesada de Neuquén

Saesa y Spark presentaron una iniciativa privada de US$120 millones ante el Estado nacional para modernizar y poner en marcha la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) en Neuquén, inactiva desde hace casi una década. El proyecto prevé un plan de obras a 36 meses, la creación de 200 empleos y la exportación del insumo clave para el sector nuclear, la medicina y la tecnología global.


Juan Bosch resaltó que la Argentina tiene paralizada hace una década la planta industrial de agua pesada más grande del mundo.

Saesa y Spark, dos empresas con presencia en el sector energético de la Argentina, formalizaron una iniciativa privada con valor económico e industrial ante el Estado nacional con el objetivo de recuperar la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en la localidad neuquina de Arroyito. El proyecto contempla un desembolso superior a los US$120 millones para modernizar las instalaciones y revertir una parálisis productiva de casi una década. La meta es posicionar al complejo tecnológico ante la fuerte demanda del mercado global a mediano plazo.

Los detalles de la propuesta comercial y los alcances técnicos de la inversión fueron expuestos por Juan Bosch, presidente de Saesa, una comercializadora de energía, durante su participación en el Capítulo 6 de Dínamo, el ciclo de streaming de EconoJournal. En este espacio audiovisual dedicado al debate del sector energético, el directivo detalló las gestiones administrativas iniciadas el pasado 19 de mayo y fundamentó la viabilidad del plan mediante la transformación del recurso gasífero en un bien industrial de alto valor.

Bosch abordó la situación patrimonial de la PIAP, un activo estratégico perteneciente a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Durante el diálogo se analizaron las dificultades históricas para reactivar la planta, los antecedentes de comercialización y la estructura de costos operativos donde el gas natural y el suministro eléctrico representan los insumos fundamentales para sostener el proceso fabril.

Bosch argumentó que la iniciativa busca capitalizar el actual superávit de recursos hidrocarburíferos para generar exportaciones no tradicionales hacia mercados de alta exigencia tecnológica. «Argentina tiene la planta industrial de agua pesada más grande del mundo. Es la única del hemisferio sur y es capaz de exportar agua pesada al mundo. El agua pesada es gas y energía; es Vaca Muerta transformada en valor agregado, en trabajo, desarrollo y exportaciones», definió el titular de Saesa para precisar el impacto macroeconómico de la propuesta.

El agua pesada es un componente central en el ciclo del combustible nuclear que abastece a las centrales atómicas Atucha I, Atucha II y Embalse. Estos reactores utilizan uranio natural como combustible y requieren del agua pesada como moderador y refrigerante para mantener la reacción en cadena de manera segura y eficiente.

Bosch también dentificó un incremento sostenido en la demanda internacional motivado por nuevos desarrollos científicos. «El agua pesada también se usa para la salud. Se usa para medicamentos, para inteligencia artificial, como semiconductores, microchips y para estudios de resonancia magnética. Hay una demanda creciente y un consenso global de que hay un faltante en las industrias vinculadas con el pharma, la salud y la biotecnología«, especificó Bosch.

El plan integral de obras para la PIAP

Para materializar el proyecto, Saesa conformó una alianza estratégica con la firma de ingeniería Spark, especialista en la reactivación de infraestructura energética compleja. El plan integral de obras contempla un horizonte de ejecución estimado en 36 meses para alcanzar la plena operatividad de las instalaciones, aunque los técnicos evalúan la posibilidad de habilitar de forma anticipada la primera de las dos líneas de producción con las que cuenta el complejo industrial.

El procedimiento administrativo de la iniciativa privada resguarda la titularidad pública del complejo tecnológico neuquino, el cual será gestionado bajo un formato de concesión operativa. «Tiene que haber una licitación pública, probablemente nacional e internacional, para quien quiera ser el concesionario de este activo que es público. La planta va a seguir siendo propiedad del Estado nacional; solamente va a ceder la operación y la comercialización del producido«, aclaró Bosch respecto al encuadre legal del concurso.

La estrategia comercial de las empresas impulsoras ya cuenta con un avance institucional mediante el interés de corporaciones internacionales. El titular de Saesa confirmó que ya se firmaron memorandos de entendimiento con off-takers del exterior, quienes solicitaron acelerar los tiempos para asegurar la provisión del insumo. De cumplirse las proyecciones técnicas, la reactivación industrial permitiría la creación de 200 puestos de trabajo directos en la provincia de Neuquén.

El principal desafío percibido por los promotores de la oferta no se vincula a factores financieros o de suministro de insumos. «Lo que me preocupa es vencer la inercia, la tarea de evangelización y convencer de que esto es posible y que es bueno para todos. Tenemos los compromisos de inversión, de provisión de gas y de compra del agua pesada; con foco y determinación, en menos de tres años podemos estar en el top five del mundo», concluyó Bosch.

La reactivación de la PIAP, inaugurada originalmente en 1993 y sin producción comercial continua desde 2017, abriría un nuevo canal de vinculación comercial para la Argentina con los mercados internacionales. El análisis de la propuesta quedó bajo la órbita de los equipos técnicos de la CNEA, quienes deberán evaluar la sustentabilidad del proyecto técnico y los pliegos licitatorios correspondientes para reactivar un activo que arrastra años sin generar valor para el sistema energético nacional.

Fuente: EconoJournal